BARRIO EL OLIVO

Historia, fundación y desarrollo urbano

Antes de convertirse en el barrio que conocemos hoy, Olivo era una zona de vegetación abundante, con trupillos, olivares, árboles de mango, fincas ganaderas y pequeñas parcelas destinadas al cultivo de alimentos para el consumo familiar. Así era este sector del noroccidente de Santa Marta durante las primeras décadas del siglo XX, cuando todavía conservaba buena parte de su carácter rural.

Esquina de la carrera 21 con calle 12 del barrio Olivo.

Con el paso del tiempo, estos terrenos comenzaron a ser ocupados y transformados. Uno de los predios pertenecía a Roberto Ángulo y se extendía aproximadamente desde la actual carrera 21 hasta la carrera 23. Según el testimonio de Garcelo Rivaldo, uno de los residentes más antiguos del sector, el propietario tenía sus documentos en regla y, aunque era conocido por su afición a la bebida, siempre mantuvo sus asuntos legales en orden. Rivaldo recuerda que aquellos terrenos montañosos, cubiertos de trupillos, fueron ocupándose progresivamente.

Fecha de fundación y primeras familias

Aunque la ocupación del territorio comenzó a principios del siglo XX, la fundación oficial del barrio Olivo se sitúa el 19 de julio de 1940. Entre las primeras familias y personas que contribuyeron a su formación se recuerdan las siguientes:

Trinidad Bandera se dedicaba a vender leche en cántaros y también convirtió su casa en uno de los principales lugares de diversión del barrio durante los carnavales. Allí organizaba bailes en un salón: por la mañana, los protagonistas eran los niños disfrazados; por la tarde, la celebración continuaba con los adultos. Su casa era un punto de encuentro para los vecinos.

Dominga Huerta se ganaba la vida vendiendo arepas fritas, una actividad que formaba parte del comercio cotidiano de aquella comunidad en crecimiento.

Dominga Cantillo vivía en una casa esquinera ubicada en la carrera 23 con calle 12. Allí tenía un establecimiento conocido como el bar de Minga, que con el tiempo adquirió notoriedad en la historia popular del barrio.

La familia Zambrano era recordada por tener un mico y un gran árbol de tamarindo que extendía sus ramas hacia la calle. Ambos formaban parte de las imágenes cotidianas que los vecinos conservaban en su memoria.

La familia Campo también estuvo entre las primeras pobladoras. La señora de la casa trabajaba como costurera y prestaba sus servicios a los habitantes del sector.

Cecilia Blanco, otra de las mujeres recordadas entre las primeras residentes, estaba casada con José de los Reyes Agudelo Carrillo, considerado uno de los primeros acordeoneros nacidos en Santa Marta.

Estos personajes y sus actividades permiten hacerse una idea de cómo era la vida en los primeros años de Olivo: una comunidad pequeña, donde los vecinos se conocían, los oficios tradicionales tenían un lugar importante y las casas servían tanto para la vida familiar como para las reuniones y celebraciones populares.

Las primeras instituciones y construcciones

Olivo fue uno de los primeros barrios ubicados fuera del centro tradicional de Santa Marta en contar con una sede escolar y una Inspección de Policía. La presencia de estas instituciones fue importante para su consolidación como comunidad urbana.

Con el paso de los años, el barrio fue adquiriendo una estructura residencial más definida. Algunas de sus casas, con amplios espacios y características arquitectónicas tradicionales, todavía conservan parte de la memoria de aquella época. Recorrer sus calles permite reconocer huellas de su pasado y recordar cómo fue creciendo este sector de la ciudad.

El Bar de Minga y una época de la vida nocturna samaria

Uno de los establecimientos más recordados en la historia de Olivo fue el Bar de Minga, situado en la calle 12 con carrera 23 y propiedad de Dominga «Minga» López Cantillo.

Su historia está relacionada con las transformaciones de la vida nocturna de Santa Marta durante la década de 1960. Según la reseña histórica de Raúl Ospino Rangel, el 15 de marzo de 1961 la Alcaldía ordenó clausurar numerosos burdeles que funcionaban en la calle 8 de Pescaíto, conocida entonces como la «Calle de la Perdición» o «Calle de la Tolerancia». Después de esa medida, algunos establecimientos de este tipo se trasladaron a sectores periféricos de la ciudad.

Entre ellos figuró el Bar de Minga, descrito por el historiador como un establecimiento de grandes dimensiones, organizado alrededor de un patio. El lugar llegó a ser conocido dentro de la vida nocturna de la época. Según la misma fuente, el predio corresponde hoy a un conjunto residencial.

Este episodio forma parte de la historia social del barrio y refleja los cambios que experimentó Santa Marta en sus costumbres, su organización urbana y sus espacios de entretenimiento.

El transporte y los caminos de antaño

La memoria histórica del barrio también se relaciona con el desarrollo del transporte urbano. Según el diagnóstico situacional de Los Olivos, en 1949 Benjamín Avendaño, conocido popularmente como «El Burrón», puso en circulación una de las primeras busetas urbanas, a la que llamó «La Pepi». Su recorrido iba desde la plaza de San Francisco hasta el barrio La Esperanza.

En aquellos años también existían caminos que conectaban distintos puntos de la ciudad. Entre ellos se recuerda el antiguo camino de Mamatoco, asociado al recorrido entre la Quinta de San Pedro Alejandrino y el sector donde se encontraba la cárcel, en el lugar que hoy ocupa la Alcaldía de Santa Marta.

Sector de la calle 12 con carrera 20 y 21 del barrio Olivo.

Otro elemento del paisaje de antaño era un arroyo procedente del río Manzanares que pasaba por la carrera 19B, en las inmediaciones del sitio donde posteriormente se estableció la iglesia de Los Almendros.

Estos recuerdos ayudan a reconstruir un paisaje urbano muy distinto del actual, cuando los caminos, los cursos de agua y los terrenos sin urbanizar todavía influían en la forma en que los habitantes se desplazaban y se relacionaban con su entorno.

La organización comunitaria y la educación

La organización vecinal fue otro paso importante en la consolidación de Olivo. Trinidad Bandera figura en la memoria comunitaria como el primer presidente de la Junta de Acción Comunal.

Posteriormente, en 1988, durante la presidencia de las juntas de Acción Comunal de Alejandro G., se inició la creación de los primeros hogares comunitarios del barrio. Estas iniciativas contribuyeron al cuidado de la infancia y al fortalecimiento de los servicios de apoyo a las familias.

La educación también ha ocupado un lugar destacado en su desarrollo. Uno de los primeros centros educativos fue el Colegio Los Olivos, inicialmente ubicado en la esquina de la calle 11 con carrera 21 y trasladado posteriormente a la calle 11 con carrera 22, según el diagnóstico comunitario consultado.

En la carrera 22 con calle 11C funcionó el emblemático bar Clan 15 y, en distintos momentos, también hubo actividades educativas vinculadas al Liceo Cervantes. En la actualidad, el sector cuenta con diferentes instituciones y establecimientos educativos, entre ellos:

  • Colegio La Oportunidad.
  • Colegio Cristiano Anglo Colombiano.
  • Institución Educativa Distrital Los Olivos, sede 1.
  • Boston Kids.
  • Liceo Cervantes.

Asimismo, el barrio dispone de una casa de Acción Comunal y de varios hogares comunitarios que han contribuido a la atención de la población infantil.

Servicios, equipamientos y condiciones actuales

En cuanto a los servicios y equipamientos, el diagnóstico situacional consultado señala que el barrio no cuenta con parques, canchas deportivas, biblioteca pública ni puesto de salud propio. Sus habitantes recurren a servicios cercanos, como los puestos de salud de Los Almendros y Juan XXIII, además de diferentes clínicas de Santa Marta.

En el ámbito religioso, la iglesia católica de Los Almendros constituye una referencia para los residentes. También se registra la presencia de varias iglesias cristianas y un centro gnóstico, reflejo de la diversidad de espacios de reunión y práctica espiritual de la comunidad.

Respecto a las condiciones de riesgo, el diagnóstico consultado no identifica al barrio como un sector especialmente expuesto a deslizamientos, inundaciones o incendios forestales. Esta información corresponde al documento de referencia y debe contrastarse con los instrumentos de gestión del riesgo vigentes.

Actividad económica

El comercio tiene una presencia importante en la dinámica económica de Olivo. Las tiendas, los pequeños negocios y las ventas de diferentes productos forman parte de la actividad cotidiana del sector. También hay residentes que trabajan en oficinas y otros que desarrollan actividades económicas por cuenta propia.

El diagnóstico situacional consultado presenta porcentajes de ocupación del 30 % en oficinas, 60 % en el comercio y 20 % en actividades independientes. Estas cifras suman más del 100 %, por lo que sería necesario revisar la metodología y la fuente original antes de utilizarlas como indicadores estadísticos definitivos.

Un barrio que conserva la memoria de Santa Marta

La historia de Olivo reúne elementos de la transformación urbana de Santa Marta: antiguos terrenos agrícolas, ocupaciones progresivas, familias fundadoras, comercios populares, caminos de tierra, primeras instituciones y formas de organización comunitaria.

Más allá de sus cambios físicos, el barrio conserva una memoria construida a partir de las personas que lo habitaron, sus oficios, sus celebraciones y sus espacios de encuentro. Recuperar esos recuerdos permite comprender que la historia de una ciudad no se encuentra solamente en sus grandes edificios o en sus acontecimientos más conocidos, sino también en la vida cotidiana de sus barrios y en las experiencias de quienes contribuyeron a formarlos.

 



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